En cien días, desde abril a julio de 1994, 800.000 tutsis fueron asesinados a manos de sus vecinos hutus. No hubo hornos ni cámaras de gas: el machete usado en la vida agrícola propia de la región fue la principal arma ejecutora. Cuando ese último holocausto del siglo XX había desaparecido ya de las ansiosas páginas de los diarios, Jean Hatzfeld, corresponsal de Libération, consiguió permiso del gobierno ruandés para entrevistar a los supervivientes de la masacre.
