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Sociología del cambio social. Piotr Sztompka

EL EVOLUCIONISMO CLASICO 

La primera metáfora: organismo y crecimiento 

La sociología nació como respuesta ante acuciantes presiones intelectuales y prác- ticas. Se esforzaba en comprender y controlar las inmensas transformaciones  sociales que acontecían en Europa en medio de las grandes revoluciones: el surgimiento de la sociedad capitalista moderna, industrial, urbana y la erosión del orden comunal tradi- cional, agrícola. 


Enfrentados a esta realidad nueva, compleja y escurridiza, los filóso- fos convertidos en sociólogos del siglo XIX buscaron analogías heurísticas o modelos metafóricos en terrenos mejor conocidos. Así surgió la primera metáfora para repre- sentar la sociedad y sus cambios. Vino de la biología, y fue la metáfora del organismo y del crecimiento orgánico. En manos de sus fundadores, la analogía orgánica fue considerada solamente como un instrumento heurístico, una herramienta  intelectual útil. 

Ellos afirmaban al- conscientes de las diferencias y las disparidades. Sólo más tarde la metáfora fue toma- 1 gunas similitudes generales entre un organismo y la  sociedad, pero eran igualmente da en su literalidad, y las sociedades devinieron reificadas, tratadas como enormes or- J ganismos supraindividuales. El abuso de la analogía, típico de la escuela del «organi- cismo» a finales del siglo XIX (Martindale 1960: 78-81), resultó ser un  callejón sin salida, estéril, para los estudios sociológicos, mientras que el uso limitado, heurístico, se mostró considerablemente fértil y elástico (cf. Back 1971). La analogía orgánica se refería en principio a la anatomía, a la constitución inter- na de la  sociedad.  

Se vio que tanto los  organismos  como las  sociedades están com- puestos de elementos discernibles  (células, individuos) agrupados en unidades más complejas (órganos, instituciones), y unidos, o integrados por una determinada red de relaciones (anatomía orgánica, lazos sociales). En suma, se les  consideraba dotados de estructura. Pero había un  claro reconocimiento de que el tipo de integración es- tructural difería: fuerte y densa en el  caso de un organismo,  ninguna parte del cual Tres grandes visiones de la hator~a m----i-hlWtslm podía concebirse que existiera al margen del todo, y mucho más difusa en el caso de la sociedad, donde tanto los individuos como las instituciones retenían, así se conside- raba, algún grado de autonomía y autosuficiencia. 

La  analogía  orgánica también se aplicó a la fisiología, al funcionamiento interno de la sociedad. Se consideraba que los elementos orgánicos y sociales y los componentes más complejos realizaban papeles específicos, satisfacían funciones definidas dentro de sus totalidades específicas, y de esta manera  contribuían  a su preservación y continuación  (orgánica o  a la  vida so- cial). En resumen, el centro de atención estaba en la similitud de funciones. Pero de nuevo, las diferencias se percibían con claridad: los componentes altamente especiali- zados, unifuncionales, o los órganos en el caso de un organismo, y los elementos mul- tifuncionales mutuamente sustituibles o subsistemas en el caso de la sociedad.

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