Primeras palabras
Cuando mucha gente hace discursos pragmáticos y defiende nuestra adaptación a los hechos, acusando alsueño y la utopía no sólo de ser inútiles, sino también de ser inoportunos en cuanto elementos que necesariamente forman parte de toda práctica educativa que desenmascare las mentiras dominantes, puede parecer extraño que yo escriba un libro llamado Pedagogía de la esperanza: un reencuentro con la Pedagogía del oprimido.
